Ella tiene miedo, mucho miedo. Se le estremece la piel cuando es medianoche porque sabe que la espera el dolor. Ya hizo el bolso de la más chiquita y no para de pedirle al más grande que la ayude así puede terminar lo más rápido que pueda. Su madre se lo advirtió muchas veces, y ella en el fondo lo sabía, sabía que no le convenía. Su amiga fue amenazada y tuvo que dejar de hablarle. Ella se traga las lágrimas porque no puede detenerse por nada, pero el reloj marca las ocho en punto y el ruido de las llaves le paralizan el corazón.

 

Por Gisela Rodríguez.

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