Debí de decirle algo pero no recuerdo qué, cómo voy a traer al presente tanto pasado confuso, tanto abismo.
Quizás de haberle hablado, todo hubiera sido distinto, no sé, de otra manera o en otro sitio pero el tiempo no es un pleito chico, el tiempo es implacable y cobra en demasía.
A quién le importa ahora quiénes somos aunque no nos reconozcamos, quién tiene en cuenta lo pendiente; adónde fueron nuestros abrazos furtivos o los besos en código cifrado si ellos ya no están para prohibirlos.
Ni tus padres ni los míos.
Nadie.
Ni un ser vivo a quién le importe lo que hagamos, sólo tú y yo pero ausentes de aquel tiempo de nosotros.
Ya no hay besos escondidos ni cartas clandestinas, ya no hay cine continuado ni miradas intensas, nosotros no pudimos lo que tantas películas que vimos.
Quizás nuestro amor fue frágil y huidizo o puede que no hayamos sabido defender todo aquello que, de haberlo tenido, nos haría distintos, cercanos, inéditos.
Simplemente felices.

 

Por Gabriela Blanca Fernández Rosman

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