Las 10am.

Las 11am.
La Fauna sale a la calle
Como una tribu. No los veía cuando corría, apresurada por llegar a La Oficina antes de las 9.
Esta fauna no es empujada por nada ni por nadie.
Salen cuando el sol está alto porque hace más calor. Sin apuro, pueblan la vereda con su marcha lenta. Algunos ayudados por un bastón, otros con andador, otros solos buscando el equilibrio en el aire. Por las dudas, caminando cerca de la pared.

En las sillas del banco una se sienta a mi lado. Dejando su andador último modelo en un costado, y sacándose el gorro de lana, me consulta: “¿Estoy muy despeinada?” “Estás preciosa”, le contesto con sinceridad. Sonríe.
A mi izquierda otra está sentada hace rato. Los números y letras del cartel luminoso cambian y la sala se va despoblando. Cada uno de nosotros blandiendo su propio papelito con número y letra para acceder a las cajas. La vuelvo a mirar. Ella estática como un totem de perfil. Recorro su imagen silenciosamente. Abrigada, sentada con los brazos cruzados sobre una carterita vieja y desinflada. No tiene papelito en sus manos.

El tiempo pasa y jamás se movió. Pienso que viene acá para pasar el tiempo, para estar acompañada. Para ser parte de esta fauna.
Para ser parte de algo.

Por Helena Müller

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