La amistad y la fidelidad son, sin duda alguna, los tópicos presentes de manera continuada en esta maravillosa historia. Es importante remarcar el talento de Miguel de Cervantes para complementar dos personajes opuestos con características propias del período barroco.

Quijote y Sancho son dos personajes totalmente distintos desde la perspectiva social, psicológica y hasta estética dentro de la obra. Al principio, pareciera ser que nada los une pero a medida que la historia avanza, la relación entre ambos personajes se afianza y logra que se enriquezcan uno del otro. El tan querido personaje de Sancho Panza marca una notable evolución a medida que comienzan las aventuras y logra posicionarse casi a la par del protagonista. El escudero se eleva en espíritu, entendimiento y logra un contacto profundo con Don Quijote quien demuestra en la obra poseer bellísimas cualidades como la paciencia, la generosidad, la cortesía, la elocuencia y la valentía. Es un amo noble y bueno que nos enternece y nos divierte a medida que “arrastra” a Sancho a su locura. En realidad, ambos personajes, a través de la amistad que se profesan, junto con el objetivo de cumplir su “deber” como caballero y escudero, hacen que, tanto el uno como el otro, lleguen a sentir y pensar de forma casi análoga en el transcurso de la historia. Por eso muchos críticos han mencionado el proceso de “Quijotización” en Sancho Panza y el proceso de “sanchificación” en Don Quijote, por decirlo de alguna manera.

Los lectores logramos percibir que Sancho y Quijote, juntos, en perpetuo diálogo, resultan dos personajes inseparables, y conforman uno de los grandes dúos de la literatura universal. Tanto es así que sin la presencia de Sancho sería inimaginable una historia tan bien lograda como la del Quijote.

A lo largo de la novela son muchas las veces que el “Hidalgo” se dirige a Sancho con la palabra “amigo”, a continuación:

Has de saber, amigo Sancho Panza, que fue costumbre muy usada de los caballeros andantes antiguos hacer gobernadores a sus escuderos de las ínsulas o reinos que ganaban y yo tengo determinado de que por mí no falte tan agradecida usanza, antes pienso aventajarme en ella (I: 7).

Según Duffé Montalván en su estudio “Los valores que nos transmiten Don Quijote y Sancho Panza” explica que “Sancho nos enseña la simplicidad, la humildad, la fidelidad, la entrega afectuosa hacia los deberes y personas.” (2005: 52).  A esto también podemos agregar lo que mencionó Alberto Sánchez en una conferencia brindada en 1989 donde expuso lo siguiente:

Lo más enjundioso de todo el libro es un diálogo espontáneo, fresco, animado, vivo: lo más vivo del libro. Don Quijote, la voluntad proyectiva, actúa sobre la voluntad receptiva de Sancho. Y Sancho -que no sabe leer ni escribir, como él mismo lo reconoce en varias ocasiones- se va elevando a lo largo del libro en un proceso de formación gradual, y lento pero siempre firme. Así, Don Quijote pretende educarle sacando de él, gracias a la naturaleza bondadosa de Sancho, lo mejor de sí mismo.

Aquí Sánchez explica cómo se acoplan las personalidades de estos individuos. Don Quijote además de querer convertirse en un gran caballero como aquellos que alguna vez leyó, busca potenciar a su compañero y éste decide desde su ignorancia e ingenuidad entregarse por completo a la confianza de su señor que lo sigue seducido por la promesa de gobernar una ínsula. Don Quijote de alguna manera ha venido a darle una esperanza de soñar con algo mejor.

En el capítulo VIII de la primera parte publicada en 1605, encontramos una de las escenas más memorables del Quijote en la que observamos una confianza ciega y reverencial de Sancho para con su amo. Los molinos de viento son para Don Quijote gigantes con los que se ve obligado a luchar. En ese momento “el primer proceso en el alma de Sancho –dice D. Alonso- es irse metiendo en la locura de su amo” (1962:10).

Quien hizo una de las descripciones más bellas que creemos pertinente mencionar aquí fue Antonio Machado. Él menciona la simpleza del trasfondo que enmarca la relación ficticia entre Don Quijote y Sancho Panza. Así lo expresó el escritor:

Es casi seguro que Don Quijote y Sancho no hacen cosas más importantes -Aún para ellos mismos-, a fin de cuentas, que conversar el uno con el otro. Nada hay más seguro para Don Quijote que el alma ingenua, curiosa e insaciable de su escudero. Nada hay más seguro para Sancho que el alma de su señor.

Lo increíble que tiene esta historia, y en especial en cómo lo ha trabajado Cervantes, es que a pesar de que el Quijote nombra a Sancho como su escudero, –y si bien en el rol de la caballería hay una jerarquía entre el caballero y su servidor– en ningún momento se ve en la historia la sumisión por parte de Sancho ni tampoco el poder represivo en la personalidad del Quijote, sino que se observa una relación de dos amigos que se acompañan mutuamente y salen en busca de aventuras como dos niños que se potencian. Esto termina por brindar a los lectores situaciones de mucha comicidad en las que llegamos a sentirnos cómplices.

En el pasaje final de la segunda parte se da un diálogo conmovedor entre estos dos personajes. Allí Don Quijote recupera la cordura y le pide perdón a su fiel escudero llamándolo como lo hizo desde el primer momento: amigo.

                  –  Perdóname, amigo, de la ocasión que te he dado de parecer loco como yo, haciéndote caer en el error en que yo he caído, de que hubo y hay caballeros andantes en el mundo. (LXXIV,974)

A lo que Sancho llorando responde:

   – ¡Ay! No se muera vuestra merced, señor mío, sino tome mi consejo y viva muchos años; porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir, sin más ni más, sin que nadie le mate, ni otras manos le acaben que las de la melancolía (LXXIV,974)

Además de utilizar la palabra amigo también podemos mencionar, desde el plano lingüístico, que Don Quijote utiliza diversos epítetos para referirse a Sancho. Esto revela el sentimiento de cariño que éste siente por su compañero. Utiliza términos como: amigo, hermano, bueno, el bueno, hijo, “¿Duermes, amigo Sancho?”, “amigo y guía, escudero mío”, “¡Oh, Sancho bendito! ¡Oh, Sancho amigo!”.

En otro pasaje, Don Quijote tiene un gesto muy emotivo con su escudero ya que lo considera alguien muy valioso y lo reconoce como tal. Es cuando se deja plasmado en su testamento, Don Quijote afirma:

Es mi voluntad que de ciertos dineros que Sancho Panza, a quien en mi locura hice mi escudero, tiene porque ha habido entre él y mí ciertas cuentas, y dares y tomares, quiero que no se le haga cargo de ellos, ni se le pida cuenta alguna, sino que si sobrare alguno después de haberse pagado de lo que le debo, el restante sea suyo, que será bien poco, y buen provecho le haga; y si como estando yo loco fui parte para darle el gobierno de la ínsula, pudiera agora, estando cuerdo, darle el de un reino, se lo diera, porque la sencillez de su condición y fidelidad de su trato lo merece. (LXXIV: 973).

Se puede decir que esta novela es característica por su trascendencia y por el nivel de humanidad que contienen sus líneas. En ella se plasman hermosos valores no sólo referidos a la amistad, como estuvimos analizando, sino también otros aspectos vinculados a ella como la lealtad, la fidelidad, el amor y la locura. Esa bella locura que sentimos cuando queremos perseguir nuestros sueños y quienes nos rodean no lo pueden comprender y nos juzgan de “locos”.

En cuanto a lo trascendental, Juan Alborg hace una descripción muy clara de lo que realiza Cervantes con estos dos personajes: “viven problemas que son trascendentales a la existencia humana […] vienen a encarnar mitos universales, brotan de la misma realidad de su existir, y a medida que su peculiarísima humanidad se va enfrentando con los sucesos de cada momento”. (1983: 163).

Creo muy pertinente realizar una lectura del Quijote porque dentro de esta obra la amistad no conoce de estereotipos ni clases sociales ni mucho menos se pone límites a la hora de soñar. A lo largo de su lectura se verá demostrada la prueba de lealtad entre Don Quijote y Sancho. No por nada es éste uno de los libros más emblemáticos de la literatura universal, y seguramente las generaciones venideras seguirán disfrutando de la magia de Cervantes. Esto será a través de una de las historias más hermosas de ficción en la que comprobarán su genialidad como escritor, siendo que logró establecer una historia memorable que superó la barrera del tiempo, del espacio y del idioma.

 

Por Gisela Rodríguez

 

Corpus:

Miguel de Cervantes Saavedra (2000[1605]) Don Quijote de la Mancha. Tomo I Barcelona: ediciones Folio.

Miguel de Cervantes Saavedra (2000 [1615]) Don Quijote de la Mancha. Tomo II. Barcelona: ediciones Folio.

 

Bibliografía:

  • Alborg, Juan Luis (1985) “El Quijote” en Historia de la literatura española. Tomo II Madrid: Gredos
  • Alonso, D. (1962): Sancho-Quijote. Sancho-Sancho en Del siglo de oro a este siglo de siglas, Madrid, Gredos, pp. 9-19.
  • Duffé Montalván, Aura Luz (2005) Los valores que nos transmiten Don Quijote y Sancho Panza. Didáctica (Lengua y Literatura) vol. 17. pp. 49-67
  • Machado, A. (1964):  Poesía y prosa, Buenos Aires, Losada
  • Pérez, José Miguel (2004) Don quijote-Sancho/Sancho-Don Quijote: enseñanza – aprendizaje entre el diálogo y la aventura. Recuperado de: http://www.cervantesvirtual.com
  • Sánchez, Alberto. (1989): Don Quijote, pedagogía acción. Conferencia pronunciada en la EUPablo Montesino en el 150º aniversario de la primera Escuela de Magisterio.

 

 

 

 

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